La búsqueda del espacio, aproximaciones a la obra de Mercedes Pardo

Escribí este texto cuando estudiaba en la Universidad Nacional de Colombia (hacia el año 2001), lo leí hace poco y me pareció que podía compartirlo:

Mercedes Pardo causó en mí inquietud desde que escuché su nombre, en primer lugar porque no la conocía y posteriormente porque los datos que encontraba eran muy pocos; supe que había tenido una buena formación artística, que era la esposa de Alejandro Otero y que se había quedado en la abstracción, manejando varias técnicas.

Sin ningún referente serio acerca de su obra, era necesario entonces buscar reproducciones, una estaba a blanco y negro, fechada 1972, en ese momento solo pude percibir la sencillez y la pulcritud de un trazo libre; otra tenía un título muy sugerente “Noche en el Delta”, de 1978, sin embargo la referencia seguía siendo geométrica y en ese instante, un poco cromática; recuerdo que me llamó mucho la atención el hecho de encontrar que dicha obra había sido firmada al dorso, arriba a la izquierda; en ese momento encontré más pulcritud, un respeto a la obra en sí misma, digno de los artistas del minimal, estaba encontrando o por lo menos especulando valores más concretos en esas escasas dos pinturas…

Llena de desánimo me dirigí a la Biblioteca Luis Ángel Arango para ver las tres diapositivas que aparecían en el Catálogo de Colecciones, no había más referencias. Las imágenes eran “Azul”, “Gafía” y “Umbra y Penunbra”; a las dos primeras las vi como obras abstractas en donde seguramente los colores tenían un significado muy importante, significado que les otorga un lugar en la composición, además los colores no eran puros, tenían matices. Al enfrentarme a “Umbra y Penumbra”, tuve la sensación, muy leve, de ver una obra de Fanny Sanín o alguna de las primeras de Ana Mercedes Hoyos, porque el color en Mercedes así como en éstas dos colombianas, para mí no es aquel que se puede denominar fácilmente como rojo, azul, violeta…son sus rojos, sus azules, sus violetas, colores que emanan sus propias personalizadas y que solo ellas pueden plasmar en los lienzos. Al aproximarse al trabajo de Pardo mediante esa obra, encontré sutilezas, rigores compositivos pero nunca de trazos, además la tonalidad la matiza con pequeñas declinaciones, sobrepesos leves – valga la contradicción – y acentos de color.

Las sutilezas son la forma como logra sus propios colores, la manera como los enfrenta de modo que no sepamos si uno proviene de la oscuridad o la luz del otro, y las decisiones que toma en cuanto a la proporción.

Los rigores compositivos son: la exactitud con la que divide el cuadro para generar equilibrio, los balances en los tonos y a la limpieza de las formas.

Las declinaciones, los sobrepesos leves, son esas interrupciones en los planos que generan otros planos, los denomino sobrepesos porque los plasma de tal forma que pareciera que la pintura de un segmento que está desbordando hasta invadir a otro, siendo muy juiciosa y sobre todo sutil, leve.

Esa sutilidad va a expresarla incluso en las partes que llaman la atención, dichas partes son acentos de color, acento en el sentido de marcar una declinación, una cresta en la onda, ya que su pintura absolutamente tranquila lleva un toque de alerta con la sencillez y dimensión que no le permiten perder la compostura.

Los anteriores conceptos me daban una idea de su obra, pero era mi idea, bastante incompleta y parcializada, afortunadamente apareció en algún anaquel de la B.L.A.A. un catálogo gigante, que me quitaría esa idea prejuiciosa e ignorante de estudiar a una artista poco importante y sin fundamento teórico, afortunadamente gracias a ese catálogo, dejaría de verla como una exploradora formal y cromática.

Empecé por los textos, el de María Fernanda Palacios no solo me abriría los ojos, sino que me ayudaría a entender las cosas que intuía, pero que no tenía la capacidad para desarrollar. Por ejemplo suponía que los colores tenían alguna ubicación relativa, pues resulta que Mercedes hace paisajes, cada cuadro de abstracción geométrica los traduce, son paisajes rojos de su infancia y adolescencia.

Comprendí que sus influencias además de Malevich y los constructivistas, eran Picasso, Degas, en fin, muchos más porque sus influencias al fin y al cabo no son influencias, son recuerdos que fueron formando y forjando su personalidad, al punto de trasmitirla en la pintura, porque la pintura además no es su obra, es más bien su vida y todos esos ensayos que nosotros llamamos búsquedas o exploraciones no son más que la manifestación de su crecimiento y maduración tanto personal como artística. Y no podía de ser de otra forma porque uno de sus maestros, Lhote, muy temprano le dijo furioso que “la pi tura no existe”, porque ella siguió minuciosamente sus instrucciones al punto de hacer un Lhote y no un Pardo, entonces sus maestro tuvo que mostrarle que para hacer un Pardo tenía que pensar como Pardo y así expresarse.

Las evoluciones que podrían verse tan distintas, son los distintos caminos que recorrió en su vida para entender el espacio, de la forma como lo hacían los cubistas, a través del color y por supuesto la luz, luz presente siempre en el paisaje.

En resumen Mercedes Pardo es una artista que nunca separó su vida de su obra, por eso ésta última está llena de sutileza, feminidad, carisma y una inquietud constante que todos tenemos o por lo menos deberíamos tener.

Foto: Alejandro Otero. Fuente: http://vereda.ula.ve/wiki_artevenezolano/index.php/Pardo,_Mercedes?TheOrder=1

 

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